Me levanté muy temprano y arreglé mi maleta. Tomamos desayuno, escribí en el computador el relato de los últimos días en Ecuador y almorzamos. Luego, al aeropuerto. Allí me dejaron Fabricio y Paola, y entré a chequearme. En este aeropuerto de Quito debes pagar una tasa de abandono que consiste en casi 40 dólares. Mi intención era sacarlos de la tarjeta mastercard, la única que llevé, pero la habían bloqueado por completo. Los días anteriores fueron un veranito de San Juan, porque ya tenía otra en el banco de Punta Arenas; la definitiva. Así que en todo el recorrido por los cajeros automáticos del sector perdí tiempo valioso, y Fabricio tuvo que volver al aeropuerto para darme plata en efectivo y no perder el vuelo. 3 minutos después de abordar, encendieron los motores.
Al cabo de una hora y media aterrizamos en el aeropuerto Tocumen de Panamá. El tiempo libre lo ocupé en llamar a Fabricio, a Rosa María y a mis papás. Luego, abordé el avión de Copa, y dormí.

Al cabo de una hora y media aterrizamos en el aeropuerto Tocumen de Panamá. El tiempo libre lo ocupé en llamar a Fabricio, a Rosa María y a mis papás. Luego, abordé el avión de Copa, y dormí.