martes, mayo 30, 2006

DOMINGO 21 DE MAYO DE 2006

A eso de las 6 de la mañana, Valeska entra al dormitorio y dice "LLEGARON LAS MALETAS". Alegría. Mucha alegría. Yo seguí durmiendo y tras un par de horas, bajé a buscar mis bolsos, y pude estar tranquila.

Minutos más tarde salíamos hacia el sector donde está el Museo de Arte Moderno. La segunda foto es de la catedral de San Patricio.
Llegamos a las 12 del día al Museo de Arte Moderno (MoMA), después de tomar desayuno en un local cercano. Compramos nuestro ticket de 20 dólares, y nos dirigimos al sexto piso, donde vimos una tienda con gran cantidad de cosas interesantes que compraríamos después.

El sector siguiente fue el quinto piso. Alucinante. Después de tanto ver libros y reproducciones, por fin veo de frente los originales de mis pintores favoritos. Picasso, Van Gogh, Frida Kahlo, Magritte, Dalí, Miró, Chagall, Matisse, Mondrian, Monet, Wilfredo Lam, etc.
Estábamos tan alucinadas, que nos dieron las 4 de la tarde, y no habíamos almorzado. Así que nos dirigimos al restaurant que estaba en el mismo piso, para no perder tiempo y volver cuanto antes. En la terraza. Los precios eran tan altos, y los nombres tan afrancesados, que decidimos invertir en un buen momento, único en su elitismo desde que habíamos nacido, tal vez. Y gasté 20 lucas en un plato de sopa, una ensalada con huevo cocido en agua hervida, una tarta de nueces con helado de vanilla y un vaso de vino. Valeska pidió salmón, pero me aseguró que los que cría su pololo en Coihayque son más ricos. Lo mío, al menos, pese a verse tan escuálido, fue suficiente para quedar satisfecha por muchas horas, y estaba realmente delicioso. Quedé con una mirada de momento feliz grabado en la memoria que la chef no pudo ver minutos antes, cuando llegó a la mesa con los platos y muy poca comida, y vio nuestras caras de desaliento comparando cantidad y precio.

Volvimos al piso 5 a ver lo que faltaba, y cuando bajamos, nos echaron. Cinco y media de la tarde. Así que derechito a la Bookstore del primer piso, y adquirimos libros. La Vale tres de sus pintores favoritos, y yo uno solo y grande del arte moderno. Con toda esa carga, caminamos hacia el Central Park, que estaba muy cerca. Y si no hubiera salido tan caro, nos subíamos a las carrozas para recorrerlo. Así que seguimos caminando por la parte sur, hasta que nos cansamos y nos dio frío.Pasamos luego por una galería y conversamos con unas argentinas que iban a un concierto de jazz. Un poco de envidia nos hizo tomar la decisión: al día siguiente, sí o sí, compraríamos tickets para Broadway.

Luego, el metro, y después, el hostal. Las chicken wings calentadas en el microondas estaban tan buenas, que se nos acercaron preguntando dónde las compramos. "Donde el negrito mala onda. Ahí. Cerca".

Y del glamour a la reality. Felices de vivir tan fuerte lo nuevo, y ciertas de tener las maletas bajo el colchón.