domingo, marzo 18, 2007

6 de marzo 2007

Fuimos con Fabo a Copa Airlines. 56 dólares cuesta cambiar el pasaje, así que filo: no podré ver el partido entre el Colo y la Liga.
Después fuimos a la Capilla del Hombre, la última obra de Guayasamín, inaugurada tras su muerte, específicamente, el 29 de noviembre de 2002. Una construcción que auspiciaron varias entidades y países, entre ellos, Chile, que donó todo el cobre utilizado en el recinto.
Wilmer Constante fue nuestro guía, un absoluto conocedor de la obra de Guayasamín, y un hombre muy amable – como todos los ecuatorianos que conocí.
En el piso superior, al cual se entra de inmediato, está la cúpula de la capilla, una obra compuesta por 24 paneles que el pintor alcanzó a esbozar, y que no pudo terminar debido a su muerte.
La obra se llama “Potosí en busca de la luz y la libertad”, y está inspirada en el pasaje del libro de Eduardo Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, donde se cuenta la historia de las mujeres que daban a luz bajo tierra. Se trata de un hecho histórico, pues las minas de Potosí en Perú cobraron la vida de 8 millones de indígenas, que iban a trabajar para salir de la miseria.
En el mismo piso están el mural de La Familia, ejecutado en 1996, y El Mestizaje, del mismo año, que refleja, en los colores, cómo los jóvenes americanos ya están atravesados por la hispanidad.

En el descanso de la escalera por donde se baja al primer nivel, hay un collar gigante de cobre chileno, colgado desde el techo. Éste fue hecho por la hija de Guayasamín, como una manera de honrar la orfebrería que su padre desarrollaba en conjunto con ella.
Ya en el primer piso, destaca un círculo rojo al medio de la sala, rodeada por 4 galerías similares a las naves de las iglesias. En el centro de ese círculo, figura una llama inextinguible, que representa el respeto constante por los derechos humanos, y concreta el mensaje de Guayasamín, que aparece en la fotografía.
La Capilla del Hombre es un recinto que concentra 3 tipos de arquitectura. Primero, la prehispánica, a través de las piedras volcánicas muy usadas antes de la llegada de los españoles, que componen el suelo del primer nivel, y que circundan la llama. En segundo lugar, está el estilo colonial, con las naves laterales que poseen arcos de medio punto. En tercero está el diseño contemporáneo, representado en el nivel superior con el suelo de madera, y la nula utilización de clavos para engarzar las tablas del pasamanos. También vimos los diseños del nuevo edificio de la Fundación, que cuesta 9 millones de dólares, y para lo cual sólo han reunido 3 millones. La idea es que las divisiones interiores sean sólo vidrios, y que la energía provenga de paneles solares. Si todo resulta, inauguran en 2009.
Una vez que sales de la Capilla, puedes subir al Árbol de la Vida, un pino en cuyas raíces están enterradas las cenizas de Guayasamín, quien falleció el 10 de marzo de 1999, a los 79 años, en Baltimore, Estados Unidos, por un paro cardíaco que lo sorprendió en medio de su viaje para una revisión oftalmológica. Desde ese árbol, se ve todo Quito, la ciudad que lo vio nacer y que pintó en 76 ocasiones. Oswaldo Guayasamín es de lo mejor de Ecuador.
Por la noche fuimos al café Mosaico, ubicado en el cerro Itchimbía. Allí nos encontramos con Felipe, que nos invitó un mocachino. La vista, preciosa. Después, el alemancito, la casa, la manzana, buenas noches...