domingo, marzo 18, 2007

5 de marzo 2007

Me levanté tarde, y almorzamos, como de costumbre, sopa y segundo. La sopa era de lentejas… muy rica. Después, nos fuimos a la Fundación Guayasamín, uno de los lugares más interesantes de los que visité en este viaje.
Una de las series impactantes es “Torturados”, hecha entre 1976 y 1977 por el quiteño Oswaldo Guayasamín, en homenaje a nuestro Víctor Jara. En la misma sala está “Mujeres llorando”, en honor a las viudas de la guerra civil española, que el maestro pintó entre 1963 y 1965.
Pero una de las más bellas es la serie “Manos insaciables”, que fue hecha entre 1963 y 1968 y que consta de 8 paneles: las manos del mendigo, del silencio, del miedo, de las lágrimas, de la ira, del terror, del grito, la ternura, la oración, la meditación, la esperanza y la protesta.Todas estas obras pertenecen a la segunda etapa de Guayasamín, que se conoce como La Edad de la Ira, y que describe el dolor provocado por la tortura, la revolución y las dictaduras en Latinoamérica. La primera se denomina Huaycañan, que en lengua quechua significa El Camino del Llanto. Aquí, representa el dolor de los indígenas. La tercera y última se llama “Mientras vivas siempre te recordaré”, que fue rebautizada con el nombre del cuadro más famoso del período, y uno de los más afamados, internacionalmente: La Ternura. La idea aquí es exaltar el rol de la madre y de la familia, y tanto los colores como el contenido de la obra, dejan atrás la miseria.
También vimos retratos que hizo Guayasamín de algunos de sus amigos, como Alberto Cortés, Paco de Lucía y Mercedes Sosa.














En la tienda compré algunas reproducciones originales de papel, entre ellas, una de mis pinturas favoritas: Lágrimas de Sangre.
Después de bañarme con cultura, fuimos a buscar aguas subterráneas, calentadas por los volcanes del sector. El lugar se llama Termas de Papallacta, y está 64 kilómetros al poniente de Quito. Las nubes chocando contra las montañas se transformaron después en una espesa neblina que dificultaba el tránsito, y llegamos ya de noche. Si se suma el vapor de las aguas termales, tenemos que no se veía nada, pero igual fue buena idea, y era un lindo lugar. Necesario entrar al agua, porque hacía muchísimo frío.
De vuelta, comimos hot dog con papas fritas picadas y repollo – extrañísimo – y hamburguesas… bajón de hambre.