En la mañana salimos hacia Mindo, ubicado 78 kilómetros al norponiente de Quito. Una maravilla de la naturaleza.
Se trata de una reserva ecológica rica en mariposas, vegetación y aves de todo tipo, donde todos los días había habido sol, hasta que llegamos nosotros. Llovía a cántaros, y no hacía frío.
Después de almorzar un churrasco a lo pobre con arroz y sin cebolla frita, arrendamos por 2 dólares la hora una bicicleta cada uno, con la que recorrimos un buen trecho.
Paola y Fabri quedaron rezagados, y con Alex avanzamos bastante. Para no mojarnos tanto, compré unas bolsas de basura que nos sirvieron de impermeable. Maravilloso.
Una de las actividades más comunes de este ecoturismo es el rafting, difícil en día de lluvia, que se practica a bordo de una suerte de cámaras de ruedas gigantes, que aparecen en la foto. 
Una vez de vuelta en el pueblo de Mindo, abordamos el auto para ir al mariposario. Bello.
En el café compré algunos recuerdos, y me serví una Aurora Rosada, un batido de guanábana mezclado con jugo de mora, y adornado con melón, sandía y piña (US $ 2.38).
.JPG)
Una vez de vuelta en el pueblo de Mindo, abordamos el auto para ir al mariposario. Bello.
De vuelta a Quito tomé algunas fotos del recorrido; las nubes chocan contra las monta
ñas, debido a la gran altura. Bello.
Fuimos a buscar a los niños y nos devolvimos hasta el departamento para hacer pisco sour con Fabricio. Una botella y media que bebimos con Fabo, Paola, Felipe y Alex. Después, la conversa fumada y a acostarse…
MINDO fue lo más LINDO que vi en Ecuador.