domingo, febrero 18, 2007

MURIÓ MI ABUELO

Yo no sé si la gente suele tener tan claro qué parte de su personalidad le debe a sus seres queridos, pero yo, desde hace mucho tiempo, sé qué es lo que a mi abuelo, LUIS BENEDICTO SANTANA MAYORGA, nacido el 21 de abril de 1920 en la isla de Quenac, Chiloé, le debo. Aparte de haber engendrado a mi madre, la fuerte Tita, me dio claridad mental. Lógica. Coherencia. Principios.
Él fue militar hasta 1972, un año antes de que los milicos tomaran el poder. Afortunadamente, porque, si no, lo matan. Mi abuelo no era cualquier milico. Era un hermano de 7 hombres que, después de cumplir su servicio militar, tenía que encontrar pega. La temporada de la esquila, en la que él solía trabajar, ya había empezado, así que no quedó otra opción más que el Ejército que, por lo demás, era un Ejército ubicado en su función para aquella época. Él siempre se jactó de sus buenas notas. Decía que los oficiales debieran serlo por capacidad, y no por plata, porque la mayoría de los que conoció eran brutos con billete. Que si de él dependiera, habría habido una sola escuela, donde sólo los mejores llegaran a oficial. ¿Se imaginan? Que, además, la mayoría de los oficiales que conoció, salvo experiencias que él también relataba, robaban. Todo lo que se pudieran llevar y que era costeado por el Estado. Él estaba a cargo del inventario. Sabía lo que decía.
Repetía y repetía estas historias. Una y otra vez. Como La Perseguidora que le quitaron en dictadura a la tropa, de la que él salió el ´72 como suboficial mayor. Como las tres veces en que tuvo que ir a buscar contingente de conscriptos a Chiloé, solo, sin que el Ejército le diera un peso para hacer los trámites. Como su tercer lugar en el cuadro de honor de algún año en la escuela de Suboficiales.
Y repetía tanto que, a veces, uno se cansaba un poco. Ya se sabe que los viejos olvidan con facilidad. Pero más los jóvenes. Y sobre todo yo. Y ahora pienso que, tal vez por eso, por esos misterios de la vida, es que él me repetía tanto sus historias. Porque nadie de los que lo rodearon durante su muerte, ayer 17 de febrero de 2007, a las 15 horas, en el Hospital de las Fuerzas Armadas de Punta Arenas, entendió nunca como yo lo que él tanto decía. Ninguno de ellos se siente tan orgulloso de su historia; de que haya estado en la lista roja en dictadura, anotado por sus propios ex compañeros, cuando los sapos en este país tenían trabajo. Ninguno está tan convencido de que Manuel Rodríguez es el verdadero padre de la patria y no Bernardo el dictador. A nadie más que a mí le preguntaba la opinión como periodista frente a los artículos que leía con tanto gusto en los miles de diarios que pasaron por sus manos mientras vivió. Sólo yo le decía que lo quería hasta el sótano, queriéndolo hasta el fin del mundo. Y no hay nadie más que esté escribiendo esto ahora, en tu memoria, papi, para reivindicarte, para decirle a todo el que le guste leer - como a ti - que me enorgulleces. Que a ti te debo la lógica, la coherencia, el espíritu crítico, la claridad mental del que, como Neruda, dice "creo que los que hicieron tantas cosas, deben ser dueños de todas las cosas. Y los que hacen el pan, deben comer"...
Creo en lo que tu creíste, papi: en la familia unida, por sobre todo, y en una patria justa, e informada.
Te amo.

17 de febrero de 2007

Insólito: yo, levantada a las 6 de la mañana. Rosa María es el mejor despertador que conozco. Tuve que fotografiar el momento.

A las 6 y media, ya íbamos camino al depto de Alexis, para irnos luego a Ocú, un pueblo que está a 3 horas de la capital de Panamá, y donde se celebran los carnavales del modo más tradicional en todo el país. La foto que sigue la sacó Alexis camino a Ocú, en la carretera, cuando pasamos a un puesto a tomar un refresco, y yo pedí una chichita de Tamarindo, exquisita... "pulpa de tamarindo, eh eh eh, pulpa de tamarindo...".
Al mediodía, ya estábamos en Ocú. Lindo pueblo, o sea, lindo para carnavales, porque la gracia la tiene la fiesta. Y en su gente, toda amable y buenaza para carretear todo el día y parte de la noche. Y en algunas de sus casas. En la que yo estoy, es bella. Onda colonial. Patio interior lleno de hamacas en las que, obvio, ya me mandé una siesta de hora y media, y flores, y plantas, y coolers con hielo y bebidas y ron y seco y vodka y whisky y de todo...
En esa casa nos esperaba Anabella (realmente linda), mamá de Rosa María, con unas gorras y unos vasos con tapa, de esos térmicos, en el que uno todo el día echa y echa alcohol. Salimos... "les presento a mi amiga chilena, Paula". "Mucho gusto, Paula. Miraaa, veeee, ven a conocer a la chilena". "¿Chilena, de qué ciudad?". Y así. Yo acá soy "la chilena", salvo por otro chileno que también vino, pero que todavía no veo, y que es nada menos que el senador Alejandro Navarro, que ya había venido a Ocú para carnavales en 2003, y que le gustó tanto, que volvió.

Aparte de contarles que me compré una pulsera por 15 dólares, con la cual puedo sacar copete de un carrito habilitado, especialmente, para ello, cada vez que yo quiera, durante estos 4 días de carnaval, y de agregar que, obviamente, me lo tomé todo, hasta que ya no quise más porque me podía curar, debo explicarles ¡¡¡ qué son los carnavales !!! En varios países de Centro América y Sudamérica, se hacen carnavales la segunda semana de febrero. Son cuatro días en que nadie que no esté ligado al comercio relacionado al evento, trabaja (por eso la sorpresa de encontrar este local de internet abierto). Se trata de tomar y bailar y mojar a la gente desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde.
Luego te recuperas un poco, y a las 9 de la noche, estás yendo a la posada, una residencial que tiene un patio interior descubierto, donde se hacen fiestas todas las noches. Así es en Ocú. La otra particularidad de este pueblo es que, a diferencia de los otros lugares de Panamá, donde toda la comunidad se divide en calle arriba y calle abajo, aquí hay, además, calle centro. Y me pareció raro, pero nunca se juntan estos grupos. Ahora, ¿qué diferencia hay entre esas otras calles y la del centro? Primero, que a mí me tocó calle centro. Segundo, que arriba y abajo se hacen carros alegóricos y salen a partir de las 4 de la tarde, a recorrer todas y sólo las calles, sea arriba, abajo o al centro.
Tercero, que el carnaval de calle centro está compuesto por 4 familias grandes, fundadoras del pueblo de Ocú (los Marín, los Carrizo, los Núñez y los Castillero, estos últimos, familia de Rosa María) y sus amigos (¡gracias!). Cuarto, que estas familias, en vez de gastar la plata en carros alegóricos, la invierten en pura celebración. Entonces, toda la gente va tras una orquesta que toca y toca, bailando, y paran en una casa donde tocan un poco más, y luego dan paso a los tambores, que hacen bailar y cantar a toda la gente.













Mientras las mujeres hacemos una ronda que comienza y termina en el grupo de tamborileros, van saliendo de a una y en orden, y los hombres, de modo desordenado, se meten a bailar con ellas. Otra joven pasa con una botella de anís, repartiendo una tapita a todas las que esperan bailar, para aclararles la garganta y así canten mejor (seguro).
Y la dueña de casa reparte comida típica y chichita (jugo de frutas con Seco, el licor panameño del que hablaba). Entonces, así se financia un buen carrete. Y quinto, que el recorrido incluye muchas casas, y uno entra, en la mayoría, sólo hasta el patio, pero en algunas hasta adentro, y luego de un rato bailando, y cantando y tomando anís y chichita y ron, y dejándose mojar por los hombres que mojan a las mujeres y por las mujeres que mojan a los hombres y por el camión cisterna, se abandona esa casa, con la mojadera detrás, y se sigue por la calle hasta llegar a otra víctima.

A eso de las 5 de la tarde, yo ya estaba durmiendo en una hamaca. A las 8, había revuelo en el pueblo: por primera vez moría alguien para carnavales. Una doctora panameña de 26 años que iba medio ebria en los hombros de un amigo, subiendo las escaleras de la Iglesia. Un mal paso del compañero hizo que se cayera hacia atrás, justo cuando pasaba el camión cisterna. Las cuatro ruedas le pasaron encima. Se llamaba Graciela.

A las 10 de la noche, ya duchada y cenada, partí a la posada con Rosa María, su hermano José Antonio y Alexis. Ya no quería tomar. Pura soda, como le dicen acá a la bebida, y a las 12, yo dormía, ignorante del dolor que se vivía en mi casa.

Nos sacaron una foto para una página web. http://panama.us1.2night.com/home.asp?Canal=Eventos&AlbumID=71748&FotoID=069 Está en la página que tiene las fotos entre la 55 y la 72. Aparecemos en la 69... uf.











































16 de febrero de 2007

Llegué a la 1 de la mañana a casa de mis papás, después de tomarme un tequila sour en muy buena compañía, y de despedirme de mi tía Julia; un cáncer al pulmón que hizo metástasis, podría llevársela antes de que yo regrese a Punta Arenas.
Mi familia me esperaba con sushis hechos por mi cuñado favorito, Álvaro Lecourt, y comimos, y conversamos, y tuvimos pena juntos. A eso de las 2 y tanto, me fui con mi Tayra hermosa a mi casa. Ella se metió a la cama, yo hice la maleta, y me acosté con ella a las 3 de la mañana. A las 5:15, ya estábamos en pie, y a las 5:35, camino al aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo con la Mariela y Álvaro. A las 6:15 el avión despegó en dirección a la "capitars". A las 10 y media, ya estaba en Santiago, con un temporal de la pucha madre y Jimena Prieto esperándome.

Nos servimos algo en el Gatsby, en dólares, of course, le entregué su bolso, y comencé a hacer la fila a Policía Internacional. Luego me revisaron, y abordé el vuelo Copa Airlines. 13:15 yo ya estaba volando, para 6 horas después llegar a ciudad de Panamá.










Ahí estaba Rosa María, esperando desde hace una hora (como es costumbre en ella, siempre anticipada). Salimos y ya sentí el calor húmedo de Centro América. Un Hyundai Tucson, última adquisición de la exitosa abogada, nos llevó al restorán de un cretense donde Alexis, novio (pololo) de Rosa María, y sus amigos, veían la semifinal de la copa de la naciones, un campeonato de fútbol donde juegan países centroamericanos, y en el que Panamá nunca había llegado tan lejos.
Terminaron ganando, y yo un poco ebria. 6 tragos suaves de Seco Herrerano (licor típico de la provincia donde nació Rosa María) me subieron a la pelota...
Noche. Calor. Departamento de Rosa María, muy parecido al que tenía en Santiago cuando estudiaba en la universidad. Dormí con el ventilador encendido. Uf...