miércoles, mayo 31, 2006

MIÉRCOLES 24 DE MAYO DE 2006

Llegamos a las 7 y media de la mañana al aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, Santiago. Después de recoger nuestras maletas (¡¡¡estaban!!!) Valeska se devolvió al Duty Free a comprar, y yo me fui al mesón de Lan Chile para ver si podía cambiar mi pasaje. No era lo más cómodo llegar a las 11 y media de la noche a Punta Arenas, y trabajar al otro día a las 8 y media de la mañana. Así que luego de una hora de gestiones, el jefe de los vendedores logró ubicarme en el vuelo de las 11 y media. Se llevó un lápiz que compré en Mansfield, Ohio, de regalo.
Llamé a Paola a Puerto Varas para que no fuera a buscarme al aeropuerto de Puerto Montt, como tan amorosamente hubiera hecho si yo hubiera tenido que esperar hasta las 9 y media de la noche. Luego, me fui a tomar desayuno. Valeska se quedó con una amiga, y después abordó el vuelo de las 10 y media que la conducía a Balmaceda, localidad ubicada a 20 minutos de su Coyhaique.
Valeska es una persona que nunca antes había visto en mi vida y, probablemente, nunca más la vuelva a ver (aunque ésa no es la idea). Pero, esos 3 días en Nueva York, fue fundamental en mi vida (sin contar el mes en Ohio, donde también fue una muy buena compañera). Pero ya lo decía antes: teníamos los mismos gustos, aunque, afortunadamente, no en hombres. Salvo por una unidad humana que ambas apreciamos casi sin vergüenza en un restaurant de Columbus, la capital de Ohio, el día que conocimos la Corte Suprema. Dios mío. Nada que decir; sólo mirar la perfección. Pero en música, cine, arte, vestuario, cositas bonitas, éramos las mejores amigas.
- Mira
- Oh, qué güena
- Cacha
- Qué lindooo
- ¿Cuánto cuesta?
- Jeje
Para ambas era una locura obligada viajar a Nueva York. Pese a todas las recomendaciones de nuestros anfitriones en Ohio, sólo una vez le preguntamos la ubicación de algún lugar a un policía, y anduvimos por las calles pasadas las 10 de la noche todos los días. Cuando nos sentamos en una de las mesas del quinto piso del Museo de Arte Moderno a almorzar, fuimos cómplices de nuestro probable desasosiego días después, cuando en Chile viéramos la cuenta de la tarjeta de crédito. Y compartimos el mismo placer del momento que se incendia y se va para vivir eternamente en la memoria, al degustar cada bocado del trabajo de la chef neoyorkina, y cada sorbo del vino de 8 dólares. ¿Cuándo otra vez tal style? Al unísono dijimos "Broadway", "Chicago", "Redbanc". Aplaudíamos al mismo tiempo en el teatro. Queríamos conocer el puente de Brooklyn. Deseábamos una foto de la famosa Statue of Liberty. Ambas compramos la coronita de esponja verde con que ahora nos podemos disfrazar de monumento mundial. Las dos comimos completos en la calle. Las dos compartimos un espacio de dos por dos cada noche en esa ciudad. Las dos éramos éramos periodistas en el sur del mundo; una en Coyhaique, y otra en Punta Arenas. La diferencia siempre fue que ella tenía una cámara fotográfica mejor que la mía. Pero al separarnos en el aeropuerto, estábamos tan agotadas de viajar en posición "clase turista", que nuestra despedida fue como de quien se verá en las próximas semanas. Demasiado corriente para todo lo que nos había unido.
Aunque, para mí, el momento del adiós lo vivimos en Time Square, cuando comíamos pizza tras asistir al musical en Broadway. Cuando ella dijo "Ahora debiéramos escuchar "Al final de este viaje" (de Silvio, para quién no sepa)". Y yo dije "no digas eso, por favor, que me voy a poner a llorar". Y lloramos. Otra vez al unísono. Y mi manía racional de homologar "llanto visto por los demás" con "cebolla de mal gusto" me hizo sonreír y decirle "no nos pongamos huevonas". Pero el paso obligado hubiera sido llorar abrazadas, tal vez no con la tragedia que había en los corazones de Thelma y Louise, pero sí con la misma sensación de libre aventura de ese clásico. Nunca con la distancia que había entre Roxy Hart y Velma Kelly, las protagonistas del musical que recién habíamos visto, pero sí con ese conocimiento mutuo tan reciente y obligado por las circunstancias, y con esa pasión gemela que nos llevaba a los mismos escenarios.
Cuando Valeska se fue al avión, me encontré con Loreto, una vieja amiga de la universidad, que también es periodista. Y fue como retornar a mi historia de siempre. A Chile. Le conté lo medular, y luego abordé el vuelo que me llevó a Punta Arenas. A las 3 y media de la tarde ya estaba con mis papás y mis hermanos, felices de verme y de verlos, y al volante de mi Subaru Legacy camino al barrio Croata, donde vivo. Cerca del Cabo de Hornos y de la Antártica, como decía en mis presentaciones en Ohio a los rotarios del distrito 6600. En la costa del mítico Estrecho de Magallanes. Pero ahora, buena parte de mi mente está en el otro hemisferio. Porque allá me volvió a gustar que un hombre me proteja. Porque allá tuve que volver a desplegar todas las escasas capacidades que tengo, para sentirme integrada a un grupo de personas tan desconocido como permanente por las circunstancias. Porque allá estuve por primera vez en una construcción social y psicológica habitada en otro idioma. Porque ahora tengo un amigo que vive en Roma y que prometió enseñarme a nadar. Y pienso que el mundo se me hizo más pequeño. Que mi cielo raso mental se elevó otro poquito. Que ese pasaporte que tengo desde el verano no es difícil llenarlo. Que no hubiera podido vivir todo esto si no fuera porque en mi ciudad, hubo gente que confió en mí para que yo ganara esta beca. Que ESTOY VIVA, ENTERAMENTE VIVA, y que quiero vivir más, aprovechar cada día como los aproveché allá, desde primera hora de la mañana hasta la noche, y no sólo despierta, sino atenta y reuniéndome con mucha gente, o con muchos libros, o con muchas películas, o con mucha música, o con muchos textos escritos por mí. Porque hay tanto que no sé. No importa si es Estados Unidos o Nepal. No importa quiénes sean sus gobernantes. No hay nada mejor que aprender y conocer como una persona libre, que tiene amores que lo esperan en alguna parte del mundo.
Hoy es jueves 1 de junio. Y en cierto modo, cierro esta etapa. Ya lo dijo Silvio: "Quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte y en plena luz. En plena luz".

MARTES 23 DE MAYO DE 2006

Llegó el último día. Entregamos la llave de la pieza a las 11 horas con 2o minutos, después de empacar todo y de arreglarnos. Valeska fue antes a comprar desayuno, un café con muffin de plátano, y después de guardar nuestros bolsos en una pieza especial para el equipaje, nos despedimos de Fabio, el italiano de la primera noche. En dos días había encontrado trabajo como garzón en un restaurante cercano al hostal, y como tenía que trabajar a las 13 horas, no nos pudo acompañar a nuestro siguiente destino antes de abandonar The City: el puente Brooklyn.



Igualito que en las películas. Grande. Gigantesco. Son más de 100 años de cables, maderas y fierros entramados de tal modo que por arriba pasan las bicicletas y los caminantes, y por abajo, los automóviles. Más abajo, el río. Fotos con perspectivas, hacia arriba, hacia abajo, sentadas, paradas, las dos, una sola. Caminamos la mitad. Ida y vuelta.


















Y de regreso pasamos a JR, una tienda especializada y gigante de música de todo tipo. Allí adquirí el DVD de Dream Theater para mi cuñado favorito, y me compré un concierto de Charles Mingus en el Carneggie Hall de Nueva York. Guau. Chocha. Y luego de un cafecito de moka en el Starbucks, que tiene tanta fama de tener el mejor café del mundo, tomamos en metro de vuelta al Soho, nuestro barrio.

Para variar, nos equivocamos de dirección, y encontramos una tienda que habíamos visto la primera noche de caminata. Todo lo que tenían era una obrita de arte. Ahí la Valeska adquirió platos con forma de una obra de Andy Warhol, la boca. Yo otros regalos, y cuando vimos la hora, caminamos raudas hacia... ¡¡¡ el lado equivocado !!! Cuando nos dimos cuenta, quedaban 15 minutos para que llegara el transfer por nosotras. Así que caminamos corriendo en la dirección opuesta. A la pasada, arranqué una ramita de un árbol para cumplir con la promesa hecha a mis alumnos de la ARCIS de que les llevaría hojas de Nueva York, y casi me salieron persiguiendo por antiecológica. Cuando íbamos por Bowery Avenue, vi el Super Shuttle y lo hice parar. Acababa de pasar por nosotras. Así que se devolvió y sacamos nuestras maletas. Mientras las guardaban en el bus, saqué tres alfileres del mapa del mundo que tenía el hostal en la sala de televisión, que estaban amontonados en Europa, y puse uno en Coihayque, otro en Punta Arenas y el tercero en la parte superior externa de la lámina de corcho. Era nuestra promesa para Fabio. Él la pondría en Nápoles, su ciudad natal. Foto del mapa, foto de Valeska y yo afuera del Whitehouse Hotel, y adiós bella Jail a las 2 de la tarde con 45 minutos.
El recorrido fue un poco accidentado, porque los taxistas manejan pésimo, y porque nuestro conductor no lograba encontrar las calles donde tenía que recoger a los otros pasajeros.
Cuento corto, después de recorrer todo Brooklyn, llegamos al aeropuerto John F. Kennedy. A las 4 y cuarto de la tarde. Y teníamos que estar a las 3 y media. Valeska consiguió que nos metiéramos en la fila más corta, y después pasamos por policía internacional. En los rayos X había además airecito fuerte, que levantaba el pelo y buscaba explosivos. No tenía, así que pude seguir. Con mi mochila al hombro y Valeska detrás, caminé rauda hacia la puerta 44, nuestra puerta, que para variar estaba al final. Cuando llegamos, todavía no entraban al avión. Estábamos a salvo.
Me tocó pasillo, y ventana a la Vale. Fueron 3 horas hasta Miami, y cuando salimos para que me fumara el cigarrito de rigor, casi nos morimos. Calor sofocante con humedad intensa. No logré terminar el cilindro. Obviamente, las maletas no aparecieron. Dijeron que las habían pasado, internamente, al otro avión que nos llevaría a Santiago. Había que confiar. No quedaba otra.

A las 10 y media de la noche, aproximadamente, el avión American Airlines despegó. Yo ahora en la ventana. Valeska en el pasillo. Y después de ver una película de Jennifer Aniston con Kevin Costner, me dormí.

LUNES 22 DE MAYO - III parte

La elección de la obra fue por un clásico: Chicago, un musical que habla de asesinas de hombres afectadas por el típico egocentrismo de las almas artísticas, y que se montaba en el Ambassador. Fuimos a corroborar la ubicación, para no perdernos a las 8 de la noche.

Ya estábamos en Time Square, un sector donde puedes encontrar de todo en la calle. Como, por ejemplo, HOT DOGS. Era de rigor. Ya lo teníamos decidido. Teníamos que comer perros calientes en las calles de Nueva York. Un poquito caro para lo escuálidos que eran (pan normal con salchicha flaca y aderezado sólo con ketchup y mustard), pero dos dólares fue lo que pagamos por otro clásico.

Como nos quedaban más de tres horas libres antes de la obra, aprovechamos de ir al Empire State Building, un edificio de 102 pisos, que tiene el mirador más famoso de todo Nueva York en el 86. Y después de una larga fila, que en cierta parte parecía aeropuerto por los detectores de metales y los rayos X, llegamos.

La vista era impresionante, pero el odioso viento me siguió hasta el hemisferio norte, y tuve tanto frío... Valeska y su falda no lo toleraron por mucho tiempo. Yo, con pantalones y más porfía, me quedé largo rato mirando cada una de las cuatro vistas que ofrecían los 4 lados del building. Grandiosa ciudad. Ríos, barcos, automóviles, chinos, italianos, ladrillos, espejos, vidrios, puentes, aviones, veleros, judíos, indios, afroamericanos, árboles, españoles, túneles, mendigos, olor a perfume, galerías de arte, hormigas todos. Pero perros no vi. Perros callejeros, vagos como les dicen algunos, no. No había. Ni en Nueva York ni en Ohio.

Después de bajar en ascensor, rápidamente, los 86 pisos, pasamos a una tienda que estaba en la misma galería del Empire. Allí Valeska cumplió con el rito de comprarse un vestido en Nueva York. Yo encontré muy ajustado el que me probé (parecía Yayita), así que compré una jardinera.

El problema fue que nos embalamos tanto, que no nos percatamos de la hora, y cuando nos dimos cuenta, quedaban como 15 minutos para que empezara Chicago. Pagamos lo más rápido que pudimos, y nos fuimos corriendo al metro. Corriendo salimos y llegamos con 10 minutos de retraso. "Las estaba esperando" nos dijo el hombre de la boletería. Y en español. Nada raro, en todo caso, en Nueva York. Una señora con linterna nos encaminó hacia dos puestos en la orilla izquierda del segundo piso, y miramos con desaliento: sólo se veía la mitad del escenario. Pero estábamos en Broadway, y no se podía tener una noche a medias. Así que los ojos biónicos divisaron en la misma línea, pero al medio, tres desocupados. Y como los gringos no llegan tarde, eran nuestros. Valeska fue la primera en arribar con valentía a esos ignotos terrenos. Yo después con bolsas de compras. Y el deleite no se puede describir con precisión.












La selección debe ser de las más finas, porque cada bailarín y cada músico podrían haber hecho un espectáculo por sí solos. La orquesta estaba en el escenario, encuadrada en un cuadrado dorado, y la danza y la voz de cada personaje eran la maravilla. La obra, además, es excelente. Y nos mirábamos a cada rato con incredulidad y una sonrisa pegada a la cara. Lo bueno es que Valeska y yo tenemos gustos tan similares, que cada vez que una abría la boca, la otra igual estaba boquiabierta. Y este musical era puro placer. Habíamos logrado el "New York state of mind" de Billie Joel.

Para consignarlo, salimos del teatro a caminar por Time Square de noche. Entramos a una tienda llamada "Spirit of Broadway", y alucinamos con cada cosa que veíamos. Había todo el merchandising posible de Jack, the Pumpkin King, de Betty Boop, de los Simpsons y demases. Compré un regalo para la Tayra, una polera rosada que decía con lentejuelas en inglés "Princesa de Nueva York", un llavero de Homero para Víctor y una piocha de una manzana roja con hojas verdes hecha con puras piedrecillas brillantes. The Big Apple, el nombre que recibe Nueva York, y más específicamente, Manhattan, en mi pecho. Por más de 20 dólares, pero valía la pena. Es el estado de ánimo de Nueva York el que veo cada vez que miro mi manzana. Y añoro volver. Porque esa noche me enamoré de la Roma de los tiempos modernos. Me enamoré de su espíritu, sin retorno.

Comimos un trozo de pizza que nos vendió un ciudadano de Bangladesh en un local estadounidense, y volvimos al hostal. En taxi. Cerca de la 1 de la mañana.

LUNES 22 DE MAYO - II parte

Después de abandonar el recinto donde tomamos el ferry, volvimos al metro. La línea R uptown. Bastante decente en comparación con otras que conocimos. El metro de Santiago de Chile es, realmente, un lujo al lado de éste. Y más simple también. Pero el de Nueva York tiene esa mística de haber sido tan filmado. Tiene esa decadencia y ese aspecto lúgubre y, de noche, peligroso, que lo poetiza. He aquí one picture.

El destino era el World Trade Center. La Zona Cero desde que las torres gemelas cayeron en un acto terrorista histórico. Camino por las calles de Manhattan e imagino el humo, el terror y la estupefacción de aquel momento. No es muy grande la isla como para no haber sentido el olor a muerte en cada esquina. Ahora, es sólo un agujero grande y profundo, donde hay máquinas trabajando, cercado por rejas con agujeros pequeños que no permiten el paso de una cámara fotográfica. Sólo esto pude tomar.


El recorrido fue corto, porque no había mucho que ver. Así que luego de visitar Century 21, una tienda gigante, tomamos otra vez el metro y llegamos a Time Square. Alucinante. Cada esquina, con grandes edificios, tenía decenas de carteles gigantes y luminosos dando noticias y publicidad. Mucha luz. Mucho negocio. Mucho turista y muchas lenguas y razas. Confirmamos la dirección y nos fuimos al lugar donde vendían a mitad de precio los tickets para las obras que darían los teatros de Broadway esa noche. 15 mil pesos cada uno.

Continúa...

LUNES 22 DE MAYO DE 2006

Nos levantamos lo más temprano que pudimos (Valeska siempre podía más que yo), para viajar en metro hacia el downtown o sur de Manhattan, específicamente, a Staten Island Ferry, un recinto donde abordas, gratuitamente, una barcaza que llega hasta esa isla. Mientras esperábamos que saliera la embarcación, cruzamos a un McDonald's. Me moría de hambre de un sandwich, y eso era lo más cercano. Vale compró algo dulce en la estación.

La gracia de este ferry es que, en el trayecto, se acerca a la Estatua de la Libertad para que los turistas la puedan ver de más cerca. Turistas como nosotras, que no quieren pasar 5 horas entre la navegación, el museo y la subida de escaleras hasta la corona. I mean, just for the picture.

Nueva York es una ciudad compuesta por muchas islas, unidas por puentes, metros subterráneos o, simplemente, ferrys. La siguiente es la vista de Manhattan desde la embarcación. Fíjense en la combinación de edificios modernos con el ladrillo del siglo pasado. Así es Manhattan. Todo el tiempo combina lo antiguo con lo moderno. Hasta en el vestuario.


Continúa...

martes, mayo 30, 2006

DOMINGO 21 DE MAYO DE 2006

A eso de las 6 de la mañana, Valeska entra al dormitorio y dice "LLEGARON LAS MALETAS". Alegría. Mucha alegría. Yo seguí durmiendo y tras un par de horas, bajé a buscar mis bolsos, y pude estar tranquila.

Minutos más tarde salíamos hacia el sector donde está el Museo de Arte Moderno. La segunda foto es de la catedral de San Patricio.
Llegamos a las 12 del día al Museo de Arte Moderno (MoMA), después de tomar desayuno en un local cercano. Compramos nuestro ticket de 20 dólares, y nos dirigimos al sexto piso, donde vimos una tienda con gran cantidad de cosas interesantes que compraríamos después.

El sector siguiente fue el quinto piso. Alucinante. Después de tanto ver libros y reproducciones, por fin veo de frente los originales de mis pintores favoritos. Picasso, Van Gogh, Frida Kahlo, Magritte, Dalí, Miró, Chagall, Matisse, Mondrian, Monet, Wilfredo Lam, etc.
Estábamos tan alucinadas, que nos dieron las 4 de la tarde, y no habíamos almorzado. Así que nos dirigimos al restaurant que estaba en el mismo piso, para no perder tiempo y volver cuanto antes. En la terraza. Los precios eran tan altos, y los nombres tan afrancesados, que decidimos invertir en un buen momento, único en su elitismo desde que habíamos nacido, tal vez. Y gasté 20 lucas en un plato de sopa, una ensalada con huevo cocido en agua hervida, una tarta de nueces con helado de vanilla y un vaso de vino. Valeska pidió salmón, pero me aseguró que los que cría su pololo en Coihayque son más ricos. Lo mío, al menos, pese a verse tan escuálido, fue suficiente para quedar satisfecha por muchas horas, y estaba realmente delicioso. Quedé con una mirada de momento feliz grabado en la memoria que la chef no pudo ver minutos antes, cuando llegó a la mesa con los platos y muy poca comida, y vio nuestras caras de desaliento comparando cantidad y precio.

Volvimos al piso 5 a ver lo que faltaba, y cuando bajamos, nos echaron. Cinco y media de la tarde. Así que derechito a la Bookstore del primer piso, y adquirimos libros. La Vale tres de sus pintores favoritos, y yo uno solo y grande del arte moderno. Con toda esa carga, caminamos hacia el Central Park, que estaba muy cerca. Y si no hubiera salido tan caro, nos subíamos a las carrozas para recorrerlo. Así que seguimos caminando por la parte sur, hasta que nos cansamos y nos dio frío.Pasamos luego por una galería y conversamos con unas argentinas que iban a un concierto de jazz. Un poco de envidia nos hizo tomar la decisión: al día siguiente, sí o sí, compraríamos tickets para Broadway.

Luego, el metro, y después, el hostal. Las chicken wings calentadas en el microondas estaban tan buenas, que se nos acercaron preguntando dónde las compramos. "Donde el negrito mala onda. Ahí. Cerca".

Y del glamour a la reality. Felices de vivir tan fuerte lo nuevo, y ciertas de tener las maletas bajo el colchón.

domingo, mayo 21, 2006

SABADO 20 DE MAYO DE 2006

Pasado el mediodía llegamos al aeropuerto de Cleveland, y nos sacamos la clásica foto. Con temporizador, sobre un basurero.
Después de almorzar en un Burger King (el costo corría por nuestra cuenta, así que comprenderán), nos acercamos a la puerta donde nos teníamos que subir con la Valeska, porque nosotras nos íbamos antes a Nueva York... Y nos estaban llamando. Así que rápidamente adiós por mucho tiempo a Berthold, Luis y Paola, y nos subimos a un avión que nos llevó durante 3 horas hacia la costa noreste de Estados Unidos.

Llegamos, pero no nuestras maletas. A nosotras nos pusieron en un vuelo anterior, que aterrizaba en el aeropuerto de La Guardia, pero no cambiaron las maletas, y zas. Ellas se fueron al JFK, una hora después. Fantástico. Dos horas y media pasamos en el recinto esperando que nos confirmaran si tenían allá las maletas, pero lo único que conseguimos fue una promesa de que las irían a dejar al hostal. Sure? Hubo que partir, y abordamos este transfer que se llamaba Super Shuttle, y que por 17 dólares nos llevó a Manhattan.

Maravilloso recorrido. Edificios altos, muy altos, a cada momento, hacían de cada una de las vistas una perspectiva profunda. A lo lejos, cielo y buildings, cielo y buildings, cielo y buildings. A lo cerca, numerosos vehículos. Plenty.

Tras, aproximadamente, 40 minutos, arribamos al hostal. Whitehouse Hotel, fachada idéntica a la de la foto por internet. Entramos, y llegamos a una recepción donde había una negrita de pelo colorín con cara de nada y voz de peor, que recordaba mi llamada desde el aeropuerto avisándole que podían llegar con nuestras maletas. Pero como bien se lo pueden imaginar, era un sueño encontrarlas ahí, esperando por nosotras.

Luego subimos a la habitación. Valeska pensaba llamar desde ahí al aeropuerto. Yo sólo quería dejar la mochila que estaba muy pesada. Sentíamos que era muy mala suerte que nuestras maletas se perdieran. Hacíamos el esfuerzo de que no nos echara a perder los clásicos 3 días que se proyectaban para la Gran Manzana. Era un duro trabajo lograr el "New York state of mind" de Billie Joel que Paola tanto había afamado, cuando había ipod y speakers y Jacob. Pero, al momento de abrir la puerta de la 227 del piso 2 puerta A, nuestra expresión facial cambió. Sólo atinamos a reír casi infinitamente - todavía me río - y a sacar las cámaras for ONE PICTURE que refleje dónde estábamos. Era un espacio más chico que las celdas de la cárcel de Punta Arenas. Sólo cabían dos camas de una plaza, de pared a pared, y un pasillo de 50 centímetros entre ellas. Miramos hacia el cielo raso y había palitos cruzados. Más allá, claro, el techo, pero las piezas estaban separadas por paneles. Risible. Increíble. Pensando después en las 50 lucas que le salió a cada una la gracia de alojar en el medio de Manhattan por 3 días, incluso comprensible. Pero, como fuera, había que registrarlo.

Pasado el momento, decidimos salir a dar un paseo. Eran ya las 7 y media y no era necesario que estuviéramos en el hostal para que recibieran las maletas. Así que recorrimos Littel Italy (very Little), Chinatown y SOHO. Éste último, el barrio más lindo de todos los anteriores. Y puede que esté en la lista de los sectores más lindos de Manhattan. El aire olía a perfume caro. Las personas no sufrían de obesidad, sino de una estilizada figura. Conversaban animadamente en las calles, con un cigarrillo en la mano, y en las galerías, con una copa de vino. Cada tenida tenía estilo. Aunque combinaran elementos que nunca hubieras imaginado juntos. O, sobre todo, por eso. En las vitrinas del comercio del sector, cada producto era una obra de arte. Aunque fuera un destapador de botellas o una tostadora. Qué decir de los vestidos. Nació ahí con Valeska la inquietud: hay que comprarse un vestido en Nueva York. Eso es estilo.

Nos dio hambre. Entramos a un bar restaurant que tenía la música muy fuerte para la Valeska, pero que estaba cerca del hostal, así que bien. Cuando íbamos como por el medio del local, con intenciones de llegar al fondo, un hombre alto y negro se nos atravesó y me pidió mi identificación. Y como en Estados Unidos no puedes beber antes de cumplir 21 años, me sentí halagada. Y mientras buscaba mi pasaporte le dije, sonriendo, "Muchas gracias". Listo. Bastó eso para que me tirara la del dentista, porque va y dice "No estoy diciéndole ningún piropo, señorita, sólo estoy haciendo mi trabajo"... Plop. Y rabia. Me piqué heavy. Pero vi el porte del guardia y la determinación en su mirada de "me importas nada", que me aguanté las palabras "fu... and all that" justo detrás de los dientes. Mostré el ID, lo miré con desprecio, y nos encaminamos a una mesa. Las chicken wings estaban picantes y calientes. Exquisitas. Sobraron. La noche siguiente estaban más deliciosas aún.

Llegando al hostal, Valeska se fue a dormir y yo al computador con Internet. Allí estaba uno de los habitantes del Whitehouse Jail, un italiano generoso que me ofrecio 5 minutos gratis de los que le sobraban para comunicarse con el mundo, y luego de utilizarlos, fuimos a tomarnos una cerveza en los alrededores. A la vuelta, adivinen qué... las maletas NO habían llegado.

Worried night...

VIERNES 19 DE MAYO DE 2006

Llegamos a Oberlin como a las 11 y media de la mañana, y luego de estar un rato en la pieza del hotel, bajamos a almorzar. En la tarde fui al museo del pueblo.

Maravilloso. Pude ver obras originales de Picasso, Modigliani, Rodin, fotografías bacanes (Edward Weston, el mino de Tina Modotti), y pinturas hasta del siglo 14.


A las 6 y media comenzó nuestra cena de despedida, y luego, la presentación que hicimos en powerpoint con mi grupo de todas las fotos del viaje. Recibimos un lote de regalos, a nuestros papás de Tiffin y a Joy Taylor, la becada de Loudonville que viene a Chile, y que por poco se va con nosotras a Nueva York.

Después fuimos a la casa de Jeanne, la doctora que albergó a Paola y Valeska la primera semana, a tomar vinito y ver un partido de básquetbol. Después fuimos al clásico, The Feve.

Luego, la Paola quiso comprar cigarros. Fuimos a un servicentro. Con la Valeska nos quedamos en el auto de la Joy.
Después fuimos al bar del hotel, y estuvimos jugando pool hasta las 2. Then, to bed.

jueves, mayo 18, 2006

JUEVES 18 DE MAYO


Hoy fuimos a desayunar a las 8 de la manana con la presidenta del club rotario de Mansfield, en un local de la misma ciudad. Omelette con queso y jamon, y cafecito con leche. Luego, visitamos a la alcaldesa de la ciudad, y despues, un funcionario municipal nos acompano a recorrer el centro de la ciudad. Este monumento en memoria de Matin Luther King esta en la plaza de la ciudad. Libertad!!!




Una de las cosas que hicimos fue ir al museo del carrusel, donde, obviamente, nos subimos.

Luego visitamos la Academia de Arte de la ciudad. Alli encontramos solo a un grupo de viejitas que bailaron tap para nosotros.

Luego fuimos a la Libreria Publica, donde nos mostraron un megaletoscopio, elaborado el ano 1860 en Italia. La gracia de este aparato, unico en Estados Unidos, es que colocan dibujos de distintas ciudades, a los que les hacen unos pequenos agujeros. La luz de la fluorescente los atraviesa, y terminas viendo imagenes de noche con iluminacion artificial que parece verdadera. Es realmente lindo.

Luego fuimos a comprar, y despues, a cenar a la casa de un rotario. La parrillada o "barbecue" como le dicen ellos, termino con aguacero.

Y como yo queria fumar, aun bajo la lluvia, tuve que realizar la siguiente gracia: smoking with umbrella.

Esta es la ultima noche en Mansfield. Manana por la manana nos vamos a Oberlin, la ciudad donde comenzamos este viaje, y donde nos haran una fiesta de despedida. Alli mostraremos una presentacion en powerpoint, con nuestras fotos de la aventura mas lejana que he vivido en toda mi existencia. Buenas noches.

miércoles, mayo 17, 2006

DOMINGO 14 DE MAYO

Bob y Joyce Morton me fueron a buscar al State Mohican Park a las 10 y media de la manana. Nos fuimos a misa en Mansfield, y luego a almorzar, y a comprar la tarjeta telefonica para llamar en el dia de la madre, y luego a cenar al Charlie's, y luego a la casa. Internet.

SABADO 13 DE MAYO

Todo el dia en el Mohican State Park. Pool, caminata, air hockey y musica again. Fin de semana de R & R & K & J

VIERNES 12 DE MAYO


Fuimos al Mohican State Park a dejar nuestras maletas, y luego al mall de Columbus, la capital del estado de Ohio. Alli estuvimos de compras desde despues de almuerzo. Despues, Mohican State Park, habitacion 240. Noche de música with Ipod and speakers and Maker's Mark...

MARTES 16 DE MAYO

Fuimos a visitar el liceo Clear Fork que esta en el condado de Richland, y estuvimos con los alumnos de la clase de espanol.

Despues fuimos a almorzar con el club rotario de Mansfield, donde hicimos nuestra ultima presentacion.


Despues visitamos un diario, en el que nos hicieron una entrevista, y luego un canal de television. Este operador es, sencillamente, una bala. Solo, pone en el play las cintas de las notas, los gc, y los comerciales, mientras la periodista esta leyendo sola el informativo en el estudio, es decir, sin camarografos.

Y despues, pa' la casa.