miércoles, mayo 31, 2006
MIÉRCOLES 24 DE MAYO DE 2006
MARTES 23 DE MAYO DE 2006




LUNES 22 DE MAYO - III parte

Ya estábamos en Time Square, un sector donde puedes encontrar de todo en la calle. Como, por ejemplo, HOT DOGS. Era de rigor. Ya lo teníamos decidido. Teníamos que comer perros calientes en las calles de Nueva York. Un poquito caro para lo escuálidos que eran (pan normal con salchicha flaca y aderezado sólo con ketchup y mustard), pero dos dólares fue lo que pagamos por otro clásico.

Como nos quedaban más de tres horas libres antes de la obra, aprovechamos de ir al Empire State Building, un edificio de 102 pisos, que tiene el mirador más famoso de todo Nueva York en el 86. Y después de una larga fila, que en cierta parte parecía aeropuerto por los detectores de metales y los rayos X, llegamos.

La vista era impresionante, pero el odioso viento me siguió hasta el hemisferio norte, y tuve tanto frío... Valeska y su falda no lo toleraron por mucho tiempo. Yo, con pantalones y más porfía, me quedé largo rato mirando cada una de las cuatro vistas que ofrecían los 4 lados del building. Grandiosa ciudad. Ríos, barcos, automóviles, chinos, italianos, ladrillos, espejos, vidrios, puentes, aviones, veleros, judíos, indios, afroamericanos, árboles, españoles, túneles, mendigos, olor a perfume, galerías de arte, hormigas todos. Pero perros no vi. Perros callejeros, vagos como les dicen algunos, no. No había. Ni en Nueva York ni en Ohio.
Después de bajar en ascensor, rápidamente, los 86 pisos, pasamos a una tienda que estaba en la misma galería del Empire. Allí Valeska cumplió con el rito de comprarse un vestido en Nueva York. Yo encontré muy ajustado el que me probé (parecía Yayita), así que compré una jardinera.
El problema fue que nos embalamos tanto, que no nos percatamos de la hora, y cuando nos dimos cuenta, quedaban como 15 minutos para que empezara Chicago. Pagamos lo más rápido que pudimos, y nos fuimos corriendo al metro. Corriendo salimos y llegamos con 10 minutos de retraso. "Las estaba esperando" nos dijo el hombre de la boletería. Y en español. Nada raro, en todo caso, en Nueva York. Una señora con linterna nos encaminó hacia dos puestos en la orilla izquierda del segundo piso, y miramos con desaliento: sólo se veía la mitad del escenario. Pero estábamos en Broadway, y no se podía tener una noche a medias. Así que los ojos biónicos divisaron en la misma línea, pero al medio, tres desocupados. Y como los gringos no llegan tarde, eran nuestros. Valeska fue la primera en arribar con valentía a esos ignotos terrenos. Yo después con bolsas de compras. Y el deleite no se puede describir con precisión.


La selección debe ser de las más finas, porque cada bailarín y cada músico podrían haber hecho un espectáculo por sí solos. La orquesta estaba en el escenario, encuadrada en un cuadrado dorado, y la danza y la voz de cada personaje eran la maravilla. La obra, además, es excelente. Y nos mirábamos a cada rato con incredulidad y una sonrisa pegada a la cara. Lo bueno es que Valeska y yo tenemos gustos tan similares, que cada vez que una abría la boca, la otra igual estaba boquiabierta. Y este musical era puro placer. Habíamos logrado el "New York state of mind" de Billie Joel.
Para consignarlo, salimos del teatro a caminar por Time Square de noche. Entramos a una tienda llamada "Spirit of Broadway", y alucinamos con cada cosa que veíamos. Había todo el merchandising posible de Jack, the Pumpkin King, de Betty Boop, de los Simpsons y demases. Compré un regalo para la Tayra, una polera rosada que decía con lentejuelas en inglés "Princesa de Nueva York", un llavero de Homero para Víctor y una piocha de una manzana roja con hojas verdes hecha con puras piedrecillas brillantes. The Big Apple, el nombre que recibe Nueva York, y más específicamente, Manhattan, en mi pecho. Por más de 20 dólares, pero valía la pena. Es el estado de ánimo de Nueva York el que veo cada vez que miro mi manzana. Y añoro volver. Porque esa noche me enamoré de la Roma de los tiempos modernos. Me enamoré de su espíritu, sin retorno.
Comimos un trozo de pizza que nos vendió un ciudadano de Bangladesh en un local estadounidense, y volvimos al hostal. En taxi. Cerca de la 1 de la mañana.
LUNES 22 DE MAYO - II parte
El destino era el World Trade Center. La Zona Cero desde que las torres gemelas cayeron en un acto terrorista histórico. Camino por las calles de Manhattan e imagino el humo, el terror y la estupefacción de aquel momento. No es muy grande la isla como para no haber sentido el olor a muerte en cada esquina. Ahora, es sólo un agujero grande y profundo, donde hay máquinas trabajando, cercado por rejas con agujeros pequeños que no permiten el paso de una cámara fotográfica. Sólo esto pude tomar.

El recorrido fue corto, porque no había mucho que ver. Así que luego de visitar Century 21, una tienda gigante, tomamos otra vez el metro y llegamos a Time Square. Alucinante. Cada esquina, con grandes edificios, tenía decenas de carteles gigantes y luminosos dando noticias y publicidad. Mucha luz. Mucho negocio. Mucho turista y muchas lenguas y razas. Confirmamos la dirección y nos fuimos al lugar donde vendían a mitad de precio los tickets para las obras que darían los teatros de Broadway esa noche. 15 mil pesos cada uno.
Continúa...
LUNES 22 DE MAYO DE 2006


Nueva York es una ciudad compuesta por muchas islas, unidas por puentes, metros subterráneos o, simplemente, ferrys. La siguiente es la vista de Manhattan desde la embarcación. Fíjense en la combinación de edificios modernos con el ladrillo del siglo pasado. Así es Manhattan. Todo el tiempo combina lo antiguo con lo moderno. Hasta en el vestuario.

Continúa...
martes, mayo 30, 2006
DOMINGO 21 DE MAYO DE 2006
Minutos más tarde salíamos hacia el sector donde está el Museo de Arte Moderno. La segunda foto es de la catedral de San Patricio.
Llegamos a las 12 del día al Museo de Arte Moderno (MoMA), después de tomar desayuno en un local cercano. Compramos nuestro ticket de 20 dólares, y nos dirigimos al sexto piso, donde vimos una tienda con gran cantidad de cosas interesantes que compraríamos después.
El sector siguiente fue el quinto piso. Alucinante. Después de tanto ver libros y reproducciones, por fin veo de frente los originales de mis pintores favoritos. Picasso, Van Gogh, Frida Kahlo, Magritte, Dalí, Miró, Chagall, Matisse, Mondrian, Monet, Wilfredo Lam, etc.
Estábamos tan alucinadas, que nos dieron las 4 de la tarde, y no habíamos almorzado. Así que nos dirigimos al restaurant que estaba en el mismo piso, para no perder tiempo y volver cuanto antes. En la terraza. Los precios eran tan altos, y los nombres tan afrancesados, que decidimos invertir en un buen momento, único en su elitismo desde que habíamos nacido, tal vez. Y gasté 20 lucas en un plato de sopa, una ensalada con huevo cocido en agua hervida, una tarta de nueces con helado de vanilla y un vaso de vino. Valeska pidió salmón, pero me aseguró que los que cría su pololo en Coihayque son más ricos. Lo mío, al menos, pese a verse tan escuálido, fue suficiente para quedar satisfecha por muchas horas, y estaba realmente delicioso. Quedé con una mirada de momento feliz grabado en la memoria que la chef no pudo ver minutos antes, cuando llegó a la mesa con los platos y muy poca comida, y vio nuestras caras de desaliento comparando cantidad y precio.
Volvimos al piso 5 a ver lo que faltaba, y cuando bajamos, nos echaron. Cinco y media de la tarde. Así que derechito a la Bookstore del primer piso, y adquirimos libros. La Vale tres de sus pintores favoritos, y yo uno solo y grande del arte moderno. Con toda esa carga, caminamos hacia el Central Park, que estaba muy cerca. Y si no hubiera salido tan caro, nos subíamos a las carrozas para recorrerlo. Así que seguimos caminando por la parte sur, hasta que nos cansamos y nos dio frío.
Pasamos luego por una galería y conversamos con unas argentinas que iban a un concierto de jazz. Un poco de envidia nos hizo tomar la decisión: al día siguiente, sí o sí, compraríamos tickets para Broadway. Luego, el metro, y después, el hostal. Las chicken wings calentadas en el microondas estaban tan buenas, que se nos acercaron preguntando dónde las compramos. "Donde el negrito mala onda. Ahí. Cerca".
Y del glamour a la reality. Felices de vivir tan fuerte lo nuevo, y ciertas de tener las maletas bajo el colchón.
domingo, mayo 21, 2006
SABADO 20 DE MAYO DE 2006
Después de almorzar en un Burger King (el costo corría por nuestra cuenta, así que comprenderán), nos acercamos a la puerta donde nos teníamos que subir con la Valeska, porque nosotras nos íbamos antes a Nueva York... Y nos estaban llamando. Así que rápidamente adiós por mucho tiempo a Berthold, Luis y Paola, y nos subimos a un avión que nos llevó durante 3 horas hacia la costa noreste de Estados Unidos. Llegamos, pero no nuestras maletas. A nosotras nos pusieron en un vuelo anterior, que aterrizaba en el aeropuerto de La Guardia, pero no cambiaron las maletas, y zas. Ellas se fueron al JFK, una hora después. Fantástico. Dos horas y media pasamos en el recinto esperando que nos confirmaran si tenían allá las maletas, pero lo único que conseguimos fue una promesa de que las irían a dejar al hostal. Sure? Hubo que partir, y abordamos este transfer que se llamaba Super Shuttle, y que por 17 dólares nos llevó a Manhattan.
Maravilloso recorrido. Edificios altos, muy altos, a cada momento, hacían de cada una de las vistas una perspectiva profunda. A lo lejos, cielo y buildings, cielo y buildings, cielo y buildings. A lo cerca, numerosos vehículos. Plenty.
Tras, aproximadamente, 40 minutos, arribamos al hostal. Whitehouse Hotel, fachada idéntica a la de la foto por internet. Entramos, y llegamos a una recepción donde había una negrita de pelo colorín con cara de nada y voz de peor, que recordaba mi llamada desde el aeropuerto avisándole que podían llegar con nuestras maletas. Pero como bien se lo pueden imaginar, era un sueño encontrarlas ahí, esperando por nosotras.
Luego subimos a la habitación. Valeska pensaba llamar desde ahí al aeropuerto. Yo sólo quería dejar la mochila que estaba muy pesada. Sentíamos que era muy mala suerte que nuestras maletas se perdieran. Hacíamos el esfuerzo de que no nos echara a perder los clásicos 3 días que se proyectaban para la Gran Manzana. Era un duro trabajo lograr el "New York state of mind" de Billie Joel que Paola tanto había afamado, cuando había ipod y speakers y Jacob. Pero, al momento de abrir la puerta de la 227 del piso 2 puerta A, nuestra expresión facial cambió. Sólo atinamos a reír casi infinitamente - todavía me río - y a sacar las cámaras for ONE PICTURE que refleje dónde estábamos. Era un espacio más chico que las celdas de la cárcel de Punta Arenas. Sólo cabían dos camas de una plaza, de pared a pared, y un pasillo de 50 centímetros entre ellas. Miramos hacia el cielo raso y había palitos cruzados. Más allá, claro, el techo, pero las piezas estaban separadas por paneles. Risible. Increíble. Pensando después en las 50 lucas que le salió a cada una la gracia de alojar en el medio de Manhattan por 3 días, incluso comprensible. Pero, como fuera, había que registrarlo.

Pasado el momento, decidimos salir a dar un paseo. Eran ya las 7 y media y no era necesario que estuviéramos en el hostal para que recibieran las maletas. Así que recorrimos Littel Italy (very Little), Chinatown y SOHO. Éste último, el barrio más lindo de todos los anteriores. Y puede que esté en la lista de los sectores más lindos de Manhattan. El aire olía a perfume caro. Las personas no sufrían de obesidad, sino de una estilizada figura. Conversaban animadamente en las calles, con un cigarrillo en la mano, y en las galerías, con una copa de vino. Cada tenida tenía estilo. Aunque combinaran elementos que nunca hubieras imaginado juntos. O, sobre todo, por eso. En las vitrinas del comercio del sector, cada producto era una obra de arte. Aunque fuera un destapador de botellas o una tostadora. Qué decir de los vestidos. Nació ahí con Valeska la inquietud: hay que comprarse un vestido en Nueva York. Eso es estilo.
Nos dio hambre. Entramos a un bar restaurant que tenía la música muy fuerte para la Valeska, pero que estaba cerca del hostal, así que bien. Cuando íbamos como por el medio del local, con intenciones de llegar al fondo, un hombre alto y negro se nos atravesó y me pidió mi identificación. Y como en Estados Unidos no puedes beber antes de cumplir 21 años, me sentí halagada. Y mientras buscaba mi pasaporte le dije, sonriendo, "Muchas gracias". Listo. Bastó eso para que me tirara la del dentista, porque va y dice "No estoy diciéndole ningún piropo, señorita, sólo estoy haciendo mi trabajo"... Plop. Y rabia. Me piqué heavy. Pero vi el porte del guardia y la determinación en su mirada de "me importas nada", que me aguanté las palabras "fu... and all that" justo detrás de los dientes. Mostré el ID, lo miré con desprecio, y nos encaminamos a una mesa. Las chicken wings estaban picantes y calientes. Exquisitas. Sobraron. La noche siguiente estaban más deliciosas aún.
Llegando al hostal, Valeska se fue a dormir y yo al computador con Internet. Allí estaba uno de los habitantes del Whitehouse Jail, un italiano generoso que me ofrecio 5 minutos gratis de los que le sobraban para comunicarse con el mundo, y luego de utilizarlos, fuimos a tomarnos una cerveza en los alrededores. A la vuelta, adivinen qué... las maletas NO habían llegado.
Worried night...
VIERNES 19 DE MAYO DE 2006
Maravilloso. Pude ver obras originales de Picasso, Modigliani, Rodin, fotografías bacanes (Edward Weston, el mino de Tina Modotti), y pinturas hasta del siglo 14.

A las 6 y media comenzó nuestra cena de despedida, y luego, la presentación que hicimos en powerpoint con mi grupo de todas las fotos del viaje. Recibimos un lote de regalos, a nuestros papás de Tiffin y a Joy Taylor, la becada de Loudonville que viene a Chile, y que por poco se va con nosotras a Nueva York.
Después fuimos a la casa de Jeanne, la doctora que albergó a Paola y Valeska la primera semana, a tomar vinito y ver un partido de básquetbol. Después fuimos al clásico, The Feve. 
Luego, la Paola quiso comprar cigarros. Fuimos a un servicentro. Con la Valeska nos quedamos en el auto de la Joy.
Después fuimos al bar del hotel, y estuvimos jugando pool hasta las 2. Then, to bed.
jueves, mayo 18, 2006
JUEVES 18 DE MAYO

Hoy fuimos a desayunar a las 8 de la manana con la presidenta del club rotario de Mansfield, en un local de la misma ciudad. Omelette con queso y jamon, y cafecito con leche. Luego, visitamos a la alcaldesa de la ciudad, y despues, un funcionario municipal nos acompano a recorrer el centro de la ciudad. Este monumento en memoria de Matin Luther King esta en la plaza de la ciudad. Libertad!!!
Una de las cosas que hicimos fue ir al museo del carrusel, donde, obviamente, nos subimos.
Luego visitamos la Academia de Arte de la ciudad. Alli encontramos solo a un grupo de viejitas que bailaron tap para nosotros.
Luego fuimos a la Libreria Publica, donde nos mostraron un megaletoscopio, elaborado el ano 1860 en Italia. La gracia de este aparato, unico en Estados Unidos, es que colocan dibujos de distintas ciudades, a los que les hacen unos pequenos agujeros. La luz de la fluorescente los atraviesa, y terminas viendo imagenes de noche con iluminacion artificial que parece verdadera. Es realmente lindo.
Luego fuimos a comprar, y despues, a cenar a la casa de un rotario. La parrillada o "barbecue" como le dicen ellos, termino con aguacero.
Y como yo queria fumar, aun bajo la lluvia, tuve que realizar la siguiente gracia: smoking with umbrella.
Esta es la ultima noche en Mansfield. Manana por la manana nos vamos a Oberlin, la ciudad donde comenzamos este viaje, y donde nos haran una fiesta de despedida. Alli mostraremos una presentacion en powerpoint, con nuestras fotos de la aventura mas lejana que he vivido en toda mi existencia. Buenas noches.
miércoles, mayo 17, 2006
DOMINGO 14 DE MAYO
SABADO 13 DE MAYO
VIERNES 12 DE MAYO
MARTES 16 DE MAYO

Despues fuimos a almorzar con el club rotario de Mansfield, donde hicimos nuestra ultima presentacion.


Despues visitamos un diario, en el que nos hicieron una entrevista, y luego un canal de television. Este operador es, sencillamente, una bala. Solo, pone en el play las cintas de las notas, los gc, y los comerciales, mientras la periodista esta leyendo sola el informativo en el estudio, es decir, sin camarografos.

Y despues, pa' la casa.

