domingo, marzo 18, 2007

1 de marzo 2007

Dormí con Matías, pero a la hora que desperté, él ya se había levantado. Jugo natural de naranja y un vaso de leche, y nos fuimos a Baños de Agua Santa, un pueblo turístico famoso por sus cascadas, ubicado una hora hacia el sur oriente de Ambato. Allí visitamos el zoológico de San Martín, donde pude ver – lamentablemente, en condiciones precarias – a distintas especies de tucán, guacamayo, perico, mono, oso y jaguar, entre otros. La vista... preciosa.
Luego, visitamos el acuario serpentario, donde los animales estaban en peores condiciones. La mayoría eran boas constrictor y arcoiris, pero casi ninguna se movía. Los peces, tampoco.
Después, enfilamos hacia el Puyo, capital de la provincia de Pastaza y puerta de entrada a la Amazonía. El trayecto estaba lleno de orquídeas, lo que sólo es una muestra del lugar que ocupa Ecuador entre los países que poseen reservas de esta especie: el primero.
En El Puyo almorzamos sopa de maíz, pollo con arroz y papas fritas, postre y limonada, por sólo 4 dólares. Exquisito. Después, fuimos a buscar donde recorrer el bosque primario que compone este sector, y que constituye la primera parte del Amazonas, donde existen plantaciones humanas. El secundario es donde habitan los animales salvajes, pero donde también viven algunas personas. Y el terciario corresponde a la selva virgen, donde se pueden hallar etnias originarias ancladas en costumbres muy lejanas a la civilización moderna.
Buscando aventura, nos metimos por un camino que iba hacia el río Pastaza, pero que constaba de más de 20 kilómetros no contemplados, sin contar este puente por donde pasaba estrechamente el vehículo.
El recorrido es precioso, pero el camino está en malas condiciones.










Al final, una suerte de laguna impidió que atravesáramos, y tuvimos que regresar por el mismo lugar, ahora, hacia Baños, nuevamente. Allí comimos pizzas en el local de un italiano – muchos extranjeros se quedan a vivir acá – y después bebimos sanduche de Baños, un trago hecho de licor puro de caña de azúcar y jugo de lo mismo. No me gustó: amargo y demasiado fuerte. Volvimos a Ambato, ya de noche. Sebastián, el sobrino menor de Paola, se atoró en su casa mientras estábamos afuera fumando un cigarro. El tremendo susto pasó rápido, y a la cama.