miércoles, mayo 31, 2006

MIÉRCOLES 24 DE MAYO DE 2006

Llegamos a las 7 y media de la mañana al aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, Santiago. Después de recoger nuestras maletas (¡¡¡estaban!!!) Valeska se devolvió al Duty Free a comprar, y yo me fui al mesón de Lan Chile para ver si podía cambiar mi pasaje. No era lo más cómodo llegar a las 11 y media de la noche a Punta Arenas, y trabajar al otro día a las 8 y media de la mañana. Así que luego de una hora de gestiones, el jefe de los vendedores logró ubicarme en el vuelo de las 11 y media. Se llevó un lápiz que compré en Mansfield, Ohio, de regalo.
Llamé a Paola a Puerto Varas para que no fuera a buscarme al aeropuerto de Puerto Montt, como tan amorosamente hubiera hecho si yo hubiera tenido que esperar hasta las 9 y media de la noche. Luego, me fui a tomar desayuno. Valeska se quedó con una amiga, y después abordó el vuelo de las 10 y media que la conducía a Balmaceda, localidad ubicada a 20 minutos de su Coyhaique.
Valeska es una persona que nunca antes había visto en mi vida y, probablemente, nunca más la vuelva a ver (aunque ésa no es la idea). Pero, esos 3 días en Nueva York, fue fundamental en mi vida (sin contar el mes en Ohio, donde también fue una muy buena compañera). Pero ya lo decía antes: teníamos los mismos gustos, aunque, afortunadamente, no en hombres. Salvo por una unidad humana que ambas apreciamos casi sin vergüenza en un restaurant de Columbus, la capital de Ohio, el día que conocimos la Corte Suprema. Dios mío. Nada que decir; sólo mirar la perfección. Pero en música, cine, arte, vestuario, cositas bonitas, éramos las mejores amigas.
- Mira
- Oh, qué güena
- Cacha
- Qué lindooo
- ¿Cuánto cuesta?
- Jeje
Para ambas era una locura obligada viajar a Nueva York. Pese a todas las recomendaciones de nuestros anfitriones en Ohio, sólo una vez le preguntamos la ubicación de algún lugar a un policía, y anduvimos por las calles pasadas las 10 de la noche todos los días. Cuando nos sentamos en una de las mesas del quinto piso del Museo de Arte Moderno a almorzar, fuimos cómplices de nuestro probable desasosiego días después, cuando en Chile viéramos la cuenta de la tarjeta de crédito. Y compartimos el mismo placer del momento que se incendia y se va para vivir eternamente en la memoria, al degustar cada bocado del trabajo de la chef neoyorkina, y cada sorbo del vino de 8 dólares. ¿Cuándo otra vez tal style? Al unísono dijimos "Broadway", "Chicago", "Redbanc". Aplaudíamos al mismo tiempo en el teatro. Queríamos conocer el puente de Brooklyn. Deseábamos una foto de la famosa Statue of Liberty. Ambas compramos la coronita de esponja verde con que ahora nos podemos disfrazar de monumento mundial. Las dos comimos completos en la calle. Las dos compartimos un espacio de dos por dos cada noche en esa ciudad. Las dos éramos éramos periodistas en el sur del mundo; una en Coyhaique, y otra en Punta Arenas. La diferencia siempre fue que ella tenía una cámara fotográfica mejor que la mía. Pero al separarnos en el aeropuerto, estábamos tan agotadas de viajar en posición "clase turista", que nuestra despedida fue como de quien se verá en las próximas semanas. Demasiado corriente para todo lo que nos había unido.
Aunque, para mí, el momento del adiós lo vivimos en Time Square, cuando comíamos pizza tras asistir al musical en Broadway. Cuando ella dijo "Ahora debiéramos escuchar "Al final de este viaje" (de Silvio, para quién no sepa)". Y yo dije "no digas eso, por favor, que me voy a poner a llorar". Y lloramos. Otra vez al unísono. Y mi manía racional de homologar "llanto visto por los demás" con "cebolla de mal gusto" me hizo sonreír y decirle "no nos pongamos huevonas". Pero el paso obligado hubiera sido llorar abrazadas, tal vez no con la tragedia que había en los corazones de Thelma y Louise, pero sí con la misma sensación de libre aventura de ese clásico. Nunca con la distancia que había entre Roxy Hart y Velma Kelly, las protagonistas del musical que recién habíamos visto, pero sí con ese conocimiento mutuo tan reciente y obligado por las circunstancias, y con esa pasión gemela que nos llevaba a los mismos escenarios.
Cuando Valeska se fue al avión, me encontré con Loreto, una vieja amiga de la universidad, que también es periodista. Y fue como retornar a mi historia de siempre. A Chile. Le conté lo medular, y luego abordé el vuelo que me llevó a Punta Arenas. A las 3 y media de la tarde ya estaba con mis papás y mis hermanos, felices de verme y de verlos, y al volante de mi Subaru Legacy camino al barrio Croata, donde vivo. Cerca del Cabo de Hornos y de la Antártica, como decía en mis presentaciones en Ohio a los rotarios del distrito 6600. En la costa del mítico Estrecho de Magallanes. Pero ahora, buena parte de mi mente está en el otro hemisferio. Porque allá me volvió a gustar que un hombre me proteja. Porque allá tuve que volver a desplegar todas las escasas capacidades que tengo, para sentirme integrada a un grupo de personas tan desconocido como permanente por las circunstancias. Porque allá estuve por primera vez en una construcción social y psicológica habitada en otro idioma. Porque ahora tengo un amigo que vive en Roma y que prometió enseñarme a nadar. Y pienso que el mundo se me hizo más pequeño. Que mi cielo raso mental se elevó otro poquito. Que ese pasaporte que tengo desde el verano no es difícil llenarlo. Que no hubiera podido vivir todo esto si no fuera porque en mi ciudad, hubo gente que confió en mí para que yo ganara esta beca. Que ESTOY VIVA, ENTERAMENTE VIVA, y que quiero vivir más, aprovechar cada día como los aproveché allá, desde primera hora de la mañana hasta la noche, y no sólo despierta, sino atenta y reuniéndome con mucha gente, o con muchos libros, o con muchas películas, o con mucha música, o con muchos textos escritos por mí. Porque hay tanto que no sé. No importa si es Estados Unidos o Nepal. No importa quiénes sean sus gobernantes. No hay nada mejor que aprender y conocer como una persona libre, que tiene amores que lo esperan en alguna parte del mundo.
Hoy es jueves 1 de junio. Y en cierto modo, cierro esta etapa. Ya lo dijo Silvio: "Quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte y en plena luz. En plena luz".