
Ya estábamos en Time Square, un sector donde puedes encontrar de todo en la calle. Como, por ejemplo, HOT DOGS. Era de rigor. Ya lo teníamos decidido. Teníamos que comer perros calientes en las calles de Nueva York. Un poquito caro para lo escuálidos que eran (pan normal con salchicha flaca y aderezado sólo con ketchup y mustard), pero dos dólares fue lo que pagamos por otro clásico.

Como nos quedaban más de tres horas libres antes de la obra, aprovechamos de ir al Empire State Building, un edificio de 102 pisos, que tiene el mirador más famoso de todo Nueva York en el 86. Y después de una larga fila, que en cierta parte parecía aeropuerto por los detectores de metales y los rayos X, llegamos.

La vista era impresionante, pero el odioso viento me siguió hasta el hemisferio norte, y tuve tanto frío... Valeska y su falda no lo toleraron por mucho tiempo. Yo, con pantalones y más porfía, me quedé largo rato mirando cada una de las cuatro vistas que ofrecían los 4 lados del building. Grandiosa ciudad. Ríos, barcos, automóviles, chinos, italianos, ladrillos, espejos, vidrios, puentes, aviones, veleros, judíos, indios, afroamericanos, árboles, españoles, túneles, mendigos, olor a perfume, galerías de arte, hormigas todos. Pero perros no vi. Perros callejeros, vagos como les dicen algunos, no. No había. Ni en Nueva York ni en Ohio.
Después de bajar en ascensor, rápidamente, los 86 pisos, pasamos a una tienda que estaba en la misma galería del Empire. Allí Valeska cumplió con el rito de comprarse un vestido en Nueva York. Yo encontré muy ajustado el que me probé (parecía Yayita), así que compré una jardinera.
El problema fue que nos embalamos tanto, que no nos percatamos de la hora, y cuando nos dimos cuenta, quedaban como 15 minutos para que empezara Chicago. Pagamos lo más rápido que pudimos, y nos fuimos corriendo al metro. Corriendo salimos y llegamos con 10 minutos de retraso. "Las estaba esperando" nos dijo el hombre de la boletería. Y en español. Nada raro, en todo caso, en Nueva York. Una señora con linterna nos encaminó hacia dos puestos en la orilla izquierda del segundo piso, y miramos con desaliento: sólo se veía la mitad del escenario. Pero estábamos en Broadway, y no se podía tener una noche a medias. Así que los ojos biónicos divisaron en la misma línea, pero al medio, tres desocupados. Y como los gringos no llegan tarde, eran nuestros. Valeska fue la primera en arribar con valentía a esos ignotos terrenos. Yo después con bolsas de compras. Y el deleite no se puede describir con precisión.


La selección debe ser de las más finas, porque cada bailarín y cada músico podrían haber hecho un espectáculo por sí solos. La orquesta estaba en el escenario, encuadrada en un cuadrado dorado, y la danza y la voz de cada personaje eran la maravilla. La obra, además, es excelente. Y nos mirábamos a cada rato con incredulidad y una sonrisa pegada a la cara. Lo bueno es que Valeska y yo tenemos gustos tan similares, que cada vez que una abría la boca, la otra igual estaba boquiabierta. Y este musical era puro placer. Habíamos logrado el "New York state of mind" de Billie Joel.
Para consignarlo, salimos del teatro a caminar por Time Square de noche. Entramos a una tienda llamada "Spirit of Broadway", y alucinamos con cada cosa que veíamos. Había todo el merchandising posible de Jack, the Pumpkin King, de Betty Boop, de los Simpsons y demases. Compré un regalo para la Tayra, una polera rosada que decía con lentejuelas en inglés "Princesa de Nueva York", un llavero de Homero para Víctor y una piocha de una manzana roja con hojas verdes hecha con puras piedrecillas brillantes. The Big Apple, el nombre que recibe Nueva York, y más específicamente, Manhattan, en mi pecho. Por más de 20 dólares, pero valía la pena. Es el estado de ánimo de Nueva York el que veo cada vez que miro mi manzana. Y añoro volver. Porque esa noche me enamoré de la Roma de los tiempos modernos. Me enamoré de su espíritu, sin retorno.
Comimos un trozo de pizza que nos vendió un ciudadano de Bangladesh en un local estadounidense, y volvimos al hostal. En taxi. Cerca de la 1 de la mañana.