El destino era el World Trade Center. La Zona Cero desde que las torres gemelas cayeron en un acto terrorista histórico. Camino por las calles de Manhattan e imagino el humo, el terror y la estupefacción de aquel momento. No es muy grande la isla como para no haber sentido el olor a muerte en cada esquina. Ahora, es sólo un agujero grande y profundo, donde hay máquinas trabajando, cercado por rejas con agujeros pequeños que no permiten el paso de una cámara fotográfica. Sólo esto pude tomar.

El recorrido fue corto, porque no había mucho que ver. Así que luego de visitar Century 21, una tienda gigante, tomamos otra vez el metro y llegamos a Time Square. Alucinante. Cada esquina, con grandes edificios, tenía decenas de carteles gigantes y luminosos dando noticias y publicidad. Mucha luz. Mucho negocio. Mucho turista y muchas lenguas y razas. Confirmamos la dirección y nos fuimos al lugar donde vendían a mitad de precio los tickets para las obras que darían los teatros de Broadway esa noche. 15 mil pesos cada uno.
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