Insólito: yo, levantada a las 6 de la mañana. Rosa María es el mejor despertador que conozco. Tuve que fotografiar el momento.A las 6 y media, ya íbamos camino al depto de Alexis, para irnos luego a Ocú, un pueblo que está a 3 horas de la capital de Panamá, y donde se celebran los carnavales del modo más tradicional en todo el país. La foto que sigue la sacó Alexis camino a Ocú, en la carretera, cuando pasamos a un puesto a tomar un refresco, y yo pedí una chichita de Tamarindo, exquisita... "pulpa de tamarindo, eh eh eh, pulpa de tamarindo...".
Al mediodía, ya estábamos en Ocú. Lindo pueblo, o sea, lindo para carnavales, porque la gracia la tiene la fiesta. Y en su gente, toda amable y buenaza para carretear todo el día y parte de la noche. Y en algunas de sus casas. En la que yo estoy, es bella. Onda colonial. Patio interior lleno de hamacas en las que, obvio, ya me mandé una siesta de hora y media, y flores, y plantas, y coolers con hielo y bebidas y ron y seco y vodka y whisky y de todo...
En esa casa nos esperaba Anabella (realmente linda), mamá de Rosa María, con unas gorras y unos vasos con tapa, de esos térmicos, en el que uno todo el día echa y echa alcohol. Salimos... "les presento a mi amiga chilena, Paula". "Mucho gusto, Paula. Miraaa, veeee, ven a conocer a la chilena". "¿Chilena, de qué ciudad?". Y así. Yo acá soy "la chilena", salvo por otro chileno que también vino, pero que todavía no veo, y que es nada menos que el senador Alejandro Navarro, que ya había venido a Ocú para carnavales en 2003, y que le gustó tanto, que volvió.Aparte de contarles que me compré una pulsera por 15 dólares, con la cual puedo sacar copete de un carrito habilitado, especialmente, para ello, cada vez que yo quiera, durante estos 4 días de carnaval, y de agregar que, obviamente, me lo tomé todo, hasta que ya no quise más porque me podía curar, debo explicarles ¡¡¡ qué son los carnavales !!! En varios países de Centro América y Sudamérica, se hacen carnavales la segunda semana de febrero. Son cuatro días en que nadie que no esté ligado al comercio relacionado al evento, trabaja (por eso la sorpresa de encontrar este local de internet abierto). Se trata de tomar y bailar y mojar a la gente desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde.
Luego te recuperas un poco, y a las 9 de la noche, estás yendo a la posada, una residencial que tiene un patio interior descubierto, donde se hacen fiestas todas las noches. Así es en Ocú. La otra particularidad de este pueblo es que, a diferencia de los otros lugares de Panamá, donde toda la comunidad se divide en calle arriba y calle abajo, aquí hay, además, calle centro. Y me pareció raro, pero nunca se juntan estos grupos. Ahora, ¿qué diferencia hay entre esas otras calles y la del centro? Primero, que a mí me tocó calle centro. Segundo, que arriba y abajo se hacen carros alegóricos y salen a partir de las 4 de la tarde, a recorrer todas y sólo las calles, sea arriba, abajo o al centro.
Tercero, que el carnaval de calle centro está compuesto por 4 familias grandes, fundadoras del pueblo de Ocú (los Marín, los Carrizo, los Núñez y los Castillero, estos últimos, familia de Rosa María) y sus amigos (¡gracias!). Cuarto, que estas familias, en vez de gastar la plata en carros alegóricos, la invierten en pura celebración. Entonces, toda la gente va tras una orquesta que toca y toca, bailando, y paran en una casa donde tocan un poco más, y luego dan paso a los tambores, que hacen bailar y cantar a toda la gente.

Mientras las mujeres hacemos una ronda que comienza y termina en el grupo de tamborileros, van saliendo de a una y en orden, y los hombres, de modo desordenado, se meten a bailar con ellas. Otra joven pasa con una botella de anís, repartiendo una tapita a todas las que esperan bailar, para aclararles la garganta y así canten mejor (seguro).

Y la dueña de casa reparte comida típica y chichita (jugo de frutas con Seco, el licor panameño del que hablaba). Entonces, así se financia un buen carrete. Y quinto, que el recorrido incluye muchas casas, y uno entra, en la mayoría, sólo hasta el patio, pero en algunas hasta adentro, y luego de un rato bailando, y cantando y tomando anís y chichita y ron, y dejándose mojar por los hombres que mojan a las mujeres y por las mujeres que mojan a los hombres y por el camión cisterna, se abandona esa casa, con la mojadera detrás, y se sigue por la calle hasta llegar a otra víctima.A eso de las 5 de la tarde, yo ya estaba durmiendo en una hamaca. A las 8, había revuelo en el pueblo: por primera vez moría alguien para carnavales. Una doctora panameña de 26 años que iba medio ebria en los hombros de un amigo, subiendo las escaleras de la Iglesia. Un mal paso del compañero hizo que se cayera hacia atrás, justo cuando pasaba el camión cisterna. Las cuatro ruedas le pasaron encima. Se llamaba Graciela.
A las 10 de la noche, ya duchada y cenada, partí a la posada con Rosa María, su hermano José Antonio y Alexis. Ya no quería tomar. Pura soda, como le dicen acá a la bebida, y a las 12, yo dormía, ignorante del dolor que se vivía en mi casa.
Nos sacaron una foto para una página web. http://panama.us1.2night.com/home.asp?Canal=Eventos&AlbumID=71748&FotoID=069 Está en la página que tiene las fotos entre la 55 y la 72. Aparecemos en la 69... uf.
