
Decidí, erróneamente, subirme primero al Raptor, una montaña rusa que da vueltas como loca, donde vas sentado con los pies al aire. Con la Paola. Ella gritaba. Yo cerré los ojos, y ay Dios, casi me morí. En esta foto se pueden apreciar los pies en el cielo.

A esas alturas, ya estaba terriblemente mareada. Estuve como papel por una hora, así que después seguí con cositas sencillas, básicamente, comprar regalos, cuidar las cosas de los que subían, y competir por uno que otro peluche. Después me subí a la Mine Ride, una para niños, pero suficiente para mí. Al final, salí con dos premios, y con las manos acalambradas de tanto correr autos, que fue el último juego al que nos subimos.
Luego, cena en restorán chino. Despues, karaoke gringo medio fome. Decidimos ir a otro lado y terminé jugando pool con dos hippies rockeros que venden equipos de música, en un bar donde tocaba una banda de jazz, y con la Paola y su papa Ralph. Much better. Black Russian.